Mi mente es una petroquímica salvaje
una tormenta caótica de rayos maniáticos
de frenéticos y desesperados desperdicios de energías
que suplicantes buscan estrellarse contra cualquier atisbo de cordura
Mi vida es un títere desvencijado
mal remendado y muy descuidado
busco paz en las ideas
porque no la encuentro en las caricias
porque donde hubo caricias
hoy solo hay piel muerta.
Necesito con lo que queda de mí
encontrar un camino
un camino que aunque sea
me mienta en esperanza.
Esperanza de un ser que no espera
ni que camina,
sino que en una mezcla de correr y escapar hacia adelante
tropieza y desafía las leyes del fénix.
A cada rato tengo la tentación de la cueva
y a través de la letanía pasar del escondite a la putrefacción.
pero por algún milagro que no me animo a entender
aún sigo a campo abierto
donde todavía disfruto la lluvia.
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